"EL RÍO COLOR DE LEÓN"

Buenos Aires es mi ciudad, la capital de la República Argentina, bonito país de América del Sur. Está ubicada a orillas del Río de la Plata, un río con singulares características que lo hacen único en el mundo. Su color marrón hace que se lo denomine: "el río color de león" no solo por su color, sino también por la ferocidad de sus condiciones climáticas. Cada tanto les voy a contar experiencias de navegaciones en este río tan particular que produce en los navegantes deportivos argentinos explosiones de adrenalina majestuosas... Croker Nauta

EL RÍO COLOR DE LEÓN

EL RÍO COLOR DE LEÓN
Foto Satelital del Río de la Plata

viernes, 3 de septiembre de 2010

Las Picardias del Flop I

Cuánto tiempo sin escribir…
Finalmente, después de mucho estar sin hacer.
Me siento frente a la compu a contar una historia.

Para mi no siempre cuando un amigo se va deja un espacio vacío.
Me pasó muchas veces, que con esa acción, aparece un nuevo amigo que reemplaza la lejanía o la ausencia del anterior.

Esto lo comento porque se fue el Flop I que me acompaño desde el año 2005.
Y se fue, pero me deja un nuevo amigo: Carlos su nuevo propietario, que lleva al Flopy para los pagos de la Provincia de Buenos Aires Sur: El Atalaya
En estos cinco años viví con mi velero, historias muy gratificantes.
Algunas que conté en el blog y otras que seguramente contaré más adelante.
Pero creo que esta, la de la venta, es muy particular.
Desde que le eché el ojo por primera vez al velero en el Puerto de San Isidro, siempre dije que el Flop I tenía vida propia.
Esto lo digo porque no me fue fácil comprarlo.
El francés (dueño del Flopy) se canso de recibir gente interesada en el velero y siempre se le caían las ofertas de venta.
Hasta que mágicamente un día me llamo y acepto que yo lo comprara.
Siempre pensé que el Flopy me eligió a mi, como Yo lo elegí a el.
Y hasta su antiguo dueño, me dijo que habiendo aceptado ofertas superiores a la mía en dinero en efectivo, terminó aceptando mi oferta en cuotas, porque en el momento de cerrar la transacción con otra persona, él se echaba para atrás pensando que esta no era la adecuada para el velero.
Pero está historia es digna de ser relatada en otra oportunidad.
Cuento esto, porque en el momento de tomar la decisión de venderlo, a mi me empezó a ocurrir lo mismo que al Francés.
El Flopy me deliró un año y medio seleccionando a su nuevo dueño, y si bien recibí algunas ofertas al contado por la compra del barco, no las cerraba porque me parecía que la persona que me hacia dicha oferta, no era merecedora del Flopy.
Las historias se repiten, ¿no?
Voy a contarles dos historias de mi amiguito haciendo de las suyas para no caer en manos de cualquiera.
Después de mucho tiempo de tener el cartelito de venta colgado en su palo, recibiendo llamados de ofertas descabelladas.
Y aparte de tenerlo publicado en una pagina de Internet dedicada a la compra-venta de embarcaciones, sin tener la dicha de encontrar un nuevo propietario digno merecedor del velero.
Más, luego de escuchar las incoherencias de cuanto Salamenáutico se le cruzara.
Tomé la decisión de llamar a mi amiga broker Andrea para dárselo a la venta.
Yo feliz, porque ella me parecía la persona indicada para este menester.
Andrea interpreto lo me estaba ocurriendo y al igual que Pato (mi mujer) me decía:
- Jorge, en realidad sos vos quien no querés vender el barco, y siempre le encontras al futuro propietario algo que lo hace indigno de comprar tu velerito. Esto lo entiendo, porque vos lo armaste integro y eso hace que no te lo puedas despegar.
- Si, bueno, puede ser…
- Los veleros, las casas como los autos son objetos. No tienen vida, no eligen a sus dueños, y Yo te lo voy a vender.
Luego de escuchar todo esto sigo pensando que para mi no es así, y los barcos tienen vida propia.
Si/No: después de leer el relato, saquen sus propias conclusiones…
Un día me llamó Andrea y me dijo:
- Jorge, este fin de semana largo, viene un Sr. de Uruguay a ver cuatro veleros, el día lunes después de ver por la mañana el tuyo (que es el último de la lista), se vuelve a Uruguay, para luego en la semana hacernos una oferta.
Yo no lo podía creer, el precio era muy bueno, y esto de que mi velerito se viera en Uruguay me gustaba.
Sí.
Me estaba cerrando todo.
¡Qué bueno!
Este fin de semana pintaba alucinante, yo estuve en el club trabajando el sábado y era un hermosos día, no hacia frío, el cielo estaba celeste y a pleno sol.
Pensaba:
¡Qué bueno!
Este tipo, hoy esta viendo veleritos y el lunes va a ver el Flopy que está inmaculado.
Andrea lo llevaba a ver tres veleros que estaban navegando, pero a diferencia del mió, estos de estética estaban muy caídos.
Ella le iba a mostrar al Flop I el último día para deslumbrarlo.
De esta forma, este señor, comparaba el estado de mi velero con los anteriores, y lo compraba.
Todo esto me parecía una buena táctica de venta.
Como Yo también trabaja el día lunes, había arreglado con Andrea que fuera ella al Puerto de San Isidro a mostrarlo.
El domingo amaneció espectacular.
Yo estaba en el club trabajando y me encontraba un poco ansioso, quería saber de antemano como iba el asunto de las visitas a los veleros.
Así que a las cuatro de la tarde, no pudiendo esperar más, llame a mi amiga para que me diera un panorama.
Y me dijo:
- Jorge, ya le mostré los tres veleritos. Y sí, más o menos le gustaron. Pero los vio un poco desprolijos. Hay mucha expectativa con el tuyo. Espero que tengamos suerte. Me parece que va todo viento en popa.
Qué alegría me producía todo esto.
Por fin se encontraba una persona que valoraba todo el trabajo realizado por mí en el Flop I.
- ¡Sí!
- ¡Este seguramente es el candidato!
- ¡Este va a ser el futuro dueño del Flopy!
El día lunes amaneció horrible.
Día gris, ventoso, mucha lluvia, rayos y truenos.
¡No lo podía creer!
¡Era un día de mierda!
Se me caían todas las expectativas.
Me imaginaba al velero en el Puerto de San Isidro cagándose de risa.
No me podía borrar esa imagen.
Le veía con su proa blanca, los ojitos azules bien abiertos y una risita socarrona mientras piensa:
¡No me voooooy!
¡Puta!
¡No lo van a ir a ver con este día de mierda!
Al rato me contradecía pensando:
Vino de Uruguay a verlo, no se va a ir sin ver al mejor…
Con toda esta incertidumbre me fui a laburar, y en todo el día Andrea no me llamó.
Claro, Yo tampoco me animaba a llamarla y escuchar una mala noticia.
Recién el día miércoles me animé a llamar a mi amiga…
Y era obvio que este señor no había ido a ver el velero, y por la tarde se volvió a su país.
El Flop I de nuevo se salía con la suya.
Evidentemente: lo que para mi era un gol de media cancha.
Para el Flopy era un pelotazo en contra.
En otra ocasión me llama Andrea y me dice:
- Jorge, hay un interesado en tu barco, pero Yo este sábado tengo que mostrar por la mañana un crucero en San Fernando. ¿Podrías mostrarlo vos?. Esta persona quiere ir a verlo y está muy interesado. Ofrece U$S 5.800.-
¡Qué bueno!
¡Papita para el loro!
¡Qué buena tarasca!
Claro, le conteste que sí.
Andre me paso el teléfono del Quia y lo llamé para coordinar la visita, arreglamos encontrarnos el sábado a las nueve de la matina.
Llego el sábado y le saque la lona al Flopy, el día era ideal.
En el puerto me saludaba con amigos, me tome un cafecito con Osvaldo el dueño del Paye, un Stewar 26 que es el velero hermano mayor en diseño del Flop 1.
Osvaldo se puso contento que venían a ver al Flopy y me decía que este era el candidato.
A las nueve puntual me acerco a mi velerito y estaciona un Renault Magane 0 Km.
Se baja de el un hombre, de muy buenos modales, bien vestido, excelente presencia y dicción.
Pensé: ¡chau lo vendí!
Lo ví en la expresión de su cara.
Me dijo:
- Está mejor que en las fotos, es lo que quiero.
Lo invite abordo, hablamos casi una hora, le saque todas las dudas, me dí cuenta que esta persona realmente sabia del tema y le gusto mucho.
Me dijo:
- Bueno, ¡es mio!
- De todas formas tendría que dejarme una seña…
- No hay problema, no vine preparado, pero el miércoles hacemos la operación y te doy todo el efectivo.
Arreglamos que el miércoles por la mañana me encontraría con él en su banco por la zona de Olivos.
Ya está pensé, ¡genial!
El día domingo fue terrible.
Un temporal fortísimo, hasta cayeron piedras.
Yo le decía a Pato:
- Viste que bueno, le pude mostrar el velero a este tipo, el tiempo no me cago.
Mi mujer se reía diciendo
- ¿No sé?
Pasaron los días y llego el martes.
Por la noche llamo a este señor para coordinar la operación de compra-venta que realizaríamos al otro día.
Con gran sorpresa y teléfono en mano Yo escuchaba por el auricular lo que me decía:
- Jorge discúlpeme, pero la operación no la vamos a poder hacer ahora, con la tormenta del domingo, las piedras me destruyeron los techos de tejas de mi casa y me arruino el auto. El dinero que disponía para el velero, lo voy a tener que destinar a todo este desastre.
- No se preocupe lo dejaremos para más adelante…
Aun hoy lo puedo ver, como antes en el recuerdo, pero ya en el Puerto de Atalaya con su actual dueño, con su proa blanca, los ojitos azules bien abiertos y una risita socarrona mientras piensa:
¡No me voooo hoy!
En la foto el Flop I en el Puerto de Olivos
Croker Nauta

domingo, 14 de febrero de 2010

BMW ORACLE es el campeón de la 33 America`s Cup

El BMW-Oracle se impuso al defensor Alinghi por 5:26 minutos en la segunda regata de la 33 Copa América, por lo que, con un 2-0 tras ganar el viernes, se convirtió en el nuevo guardián de la Jarra de las Cien Guineas.

El Alinghi levantó la bandera roja de protesta antes de montar la primera baliza, una reclamación que no se tenía que resolver en el agua, sino que la decisión tenía que tomarla el Jurado internacional de la regata una vez en tierra, pero finalmente la retiró una vez cruzada la línea de meta, confirmando así el triunfo estadounidense. Tras más de cinco horas de espera en el agua con vientos flojos e inestables, finalmente con vientos de entre seis y ocho nudos de intensidad en la salida y ambas balizas, el campo de regatas -un triángulo equilátero de 13 millas por tramo- se estableció a la altura de Puzol y la regata arrancó a las 16:25 horas.

De nuevo, como en la primera regata, la emoción se vivió antes de la salida, ya que el Alinghi entró en la caja de presalida antes de tiempo y llevó una penalización, por lo que antes de cruzar la meta tuvo que completar un giro de 360 grados sobre sí mismo.
En la salida, el caña australiano del BMW-Oracle, James Spithill le ganó esta vez la partida al suizo Ernesto Bertarelli, y tras cruzar la línea cada barco optó por un lado del campo de regatas, los estadounidenses por la izquierda y los suizos por la derecha.

Por detrás de los americanos en la salida y con una penalización pendiente, las cosas no podrían haber comenzado peor para el defensor suizo, que vio como el barco estadounidense volaba y le sacaba a las primeras de cambio 400 metros de ventaja.
Pero el defensor acertó en su elección del lado del campo de regatas -la información del navegante español Joan Vila ha sido perfecta en ese sentido- y en apenas quince minutos neutralizó la ventaja que le llevaba su rival y le sacó hasta quinientos metros en su camino hacia la primera baliza.

La regata estaba abierta, y mientras los suizos navegaban con hasta cuatro nudos de velocidad más respecto al barco estadounidense y a su caña estaba el especialista en multicascos Loïck Peyron, que había sustituido poco después de la salida a Bertarelli, a bordo del USA-17 navegaban Russell Coutts y el propietario, Larry Ellison.

Alinghi ha sacado la bandera roja de protesta antes de montar la baliza y protagonizar el primer cruce con BMW-Oracle, lo que ha acercado a ambas embarcaciones y ha permitido a los estadounidenses aprovechar un role de izquierdas del viento para pasar primero por la boya.
El catamarán suizo pasó 28 segundos después del trimarán americano, que tomó ventaja a su rival en los primeros metros del tramo a través -con el viento lateral- y que por momentos superaba la barrera de los 30 nudos de velocidad.

La distancia de ventaja del USA-17 crecía y, en las primeras seis millas del rumbo a través, el trimarán sacó más de 1,5 kilómetros a su rival suizo, que pasó la segunda baliza 2 minutos y 44 segundos por detrás del barco americano.
En este tramo, que recorrieron en algo más de media hora, los americanos sacaron casi dos minutos a los suizos, lo que daba una idea de su mayor velocidad y el buen rendimiento que sacaban a su trimarán con la novedosa vela rígida.

Arrancaba el último tramo del recorrido con una clara ventaja del equipo de Ellison, que sólo tenía que controlar a su rival, que aún tenía la penalización pendiente, lo que propició una plácida llegada a la línea de meta 5 minutos y 26 segundos antes del catamarán suizo, que optó por retirar su protesta al poco de cruzar la línea de meta.
Con esta victoria, el sindicato que preside el magnate estadounidense Larry Ellison ha ganado la Copa América después de dos intentos frustrados en 2003 y 2007, y devuelve así el trofeo a Estados Unidos después de quince años desde que el Black Magic neozelandés se la arrebatara en 1995.-
Informe suministrado por ADN Deportes. ES

viernes, 12 de febrero de 2010

ALINGHI fué aplastado por el Monstruo BMW ORACLE

BMW ORACLE Racing se anotó la primera victoria de la serie al mejor de tres frente a Alinghi.

Ernesto Bertarelli, presidente y timonel de Alinghi:“La salida después de la penalización fue buena. El viento cambio muy rápido, de 6-8 nudos a un viento más fuerte que nos sorprendió. Hicimos un cambio de vela que nos ralentizó un poco, pero el ala de USA parece ser todo un arma”.

“No hay razón para cambiar la tripulación, todos hemos hecho un buen trabajo. Nos hubiera gustado hacerlo mejor, obviamente, pero el domingo navegaremos básicamente la misma tripulación”.

“No me arrepiento de nada ni siento frustración; de hecho hoy he disfrutado. Ganas, pierdes, es así. Cuando estás en mi posición, con 10 años de experiencia en el equipo y la posibilidad de navegar una o dos regatas más, no puedes pensar que ningún día de America’s Cup sea malo. Hoy sólo ocurrió que ellos fueron más rápidos, hicieron una buena regata”.

“Quieres ganar la America’s Cup en el agua. La regata fue justa, y el que gane en el agua será el que se lleva la America’s Cup”.
“No creo que tengamos tiempo de construir un ala de aquí al domingo, pero tenemos diferentes configuraciones, velas,… tenemos un día para pensar en ello”.

Brad Butterworth, patrón de Alinghi:“Creímos haber hecho lo posible, pero obviamente no fue suficiente. No pudieron salir en peor posición, y se pusieron delante en una posición muy fuerte. Cuando estás navegando delante y te rodean, eso es velocidad”.
“Las regatas que pierdes son de las que más aprendes”.
“Salimos con 6 nudos, más adelante vimos 16 y hasta un máximo de 17,5 nudos”.
“Mientras hay vida hay esperanza. Nos reuniermos para ver cómo afrontamos la segunda regata”.
Rolf Vrolijk, diseñador de Alinghi:“Claramente hoy ha sido un día para ellos”.
“Hemos revisado las diferentes opciones y configuraciones, y tal vez no pensamos que tuvieran semejante diferencia en prestaciones, en velocidad y ángulo”.
“Creo que todavía podemos ser competitivos. Nos espera otra regata con diferente configuración. Mañana analizaremos todos los datos y decidiremos cómo conseguir mejor velocidad”.
“Nunca hemos competido con ellos en rumbos de través, así que habrá que esperar al domingo para ver en qué posición estamos”.

James Spithill, timonel de BMW ORACLE Racing“Cada día aprendemos algo, y hay mucho en lo que todavía podemos mejorar, especialmente en rumbos de popa. Probablemente hayamos aprendido más hoy en un día que en todo el mes pasado”.
“Hicimos un muy buen trabajo al provocar la penalización, y los tuvimos contra las cuerdas, pero quedamos bloqueados en barlovento e intentamos maniobrar; cometimos un error y quedamos parados. No resultó como había pensado, pero después de eso los chicos realizaron un gran trabajo poniéndonos de vuelta en buena posición”.
“Siempre pensé que si éramos capaces de volar sobre un patín, seríamos muy rápidos en ceñida, pero me quedé realmente sorprendido con la velocidad en popa”.
“Este es uno de los días más duros que he pasado a bordo de un barco por la presión. Pero al final resultó un buen día”.

Larry Ellison, armador y tripulante de BMW ORACLE Racing“Mi intención era navegar a bordo hoy, pero las condiciones eran de muy poco viento, así que Russell y yo bajamos del barco para que fuera lo más ligero posible. Siempre que haya estas condiciones, navegaremos con la menor tripulación posible”.
“Los diseñadores han hecho un magnífico trabajo, y la clave es la vela ala”.
“Es mi primer día en la America’s Cup, el único por el momento, pero ha sido genial”.
“Hoy sólo hemos ganado una regata, y necesitas ganar dos para decidir a dónde se irá la siguiente edición, así que ahora estamos concentrados en ganar la segunda. La configuración para una regata de triángulo con través es muy diferente”.

Russell Coutts, director general de BMW ORACLE Racing:“Estamos muy contentos con dónde estamos, pero hay tanto que hacer todavía… El domingo es el segundo día y tenemos que seguir mejorando. Ya veremos dónde estamos al final de las series”.
“Hemos dormido como un par de horas en las últimas 72 pensando en la seguridad del barco amarrado (con el ala izada) mientras soplaba tanto viento”.
“Siempre lo puedes hacer mejor, y tenemos una lista de cosas que tenemos que mejorar antes de la siguiente prueba. Será una configuración diferente. Es demasiado pronto para juzgar las prestaciones de los barcos”.
“Saludaré a Ernesto (Bertarelli) al terminar, es lo que hacen los deportistas”.

Información remitida por Prensa America’s Cup

domingo, 30 de noviembre de 2008

Lo que aprendí en el curso de Timonel a Vela y Motor:

Euge fue una de las alumnas del Curso de Timonel Yate Vela Motor dictado en el C.P.Y. durante el corriente año.
Creo que en este relato, ella transmite con su experiencia el sentir de lo que le pasa a la gente común que se acercan por primera vez a la náutica.
En lo personal me hizo recordar en muchas situaciones lo que viví durante mi formación como timonel.
Espero que este relato sirva de estímulo para que muchas personas se acerquen a disfrutar este deporte.

Cuenta Euge:

-“En un barco no puede haber dos capitanes. Puede que no estén de acuerdo con algunas de las decisiones que se tomen a bordo, pero mientras ellas no pongan en riesgo al barco y a la tripulación, cuando el capitán ordene algo, hay que obedecer”-.

A medida que hablaba, serio, firme y con amplios ademanes, el hombre que se había presentado como Jefe de Prácticas del CPY más parecía querer amedrentarnos que alentarnos a seguir el curso de timonel que recién comenzaba.

“Yo enseño a navegar desde hace veinte años y puedo afirmar que al curso viene todo tipo de gente.
Algunos empiezan y, al poco tiempo, por una u otra razón, abandonan.
Están los que navegan desde siempre y sólo les interesa el curso para poder despachar su barco; están los que nunca subieron a un velero y quieren probar algo nuevo; están los que además de aprender náutica quieren conocer gente; están aquellos a los que no les importa nada porque sólo vienen a levantar minas
[1], y finalmente están los que simplemente son de ´profesión cursillista´.
Cada uno de ustedes sabe quién es y qué viene a hacer acá”-.


Miraditas entre los alumnos, que nos veíamos por primera vez.

Yo tenía claras y variadas razones para estar ahí.
Hacía un tiempo venía contemplando la idea de aprender algo nuevo, perfeccionándome profesionalmente o aprendiendo otro idioma. Pero también deseaba huir de las 8-10 horas diarias de trabajo sentada casi inmóvil frente a la radiación de una pantalla de computadora, encerrada bajo cuatro paredes y un techo, y casi nada de luz natural; quería tener algo interesante que hacer los fines de semana; si era posible, al sol para fijar vitaminas; si bien hacer yoga me gratificaba mucho, quería algo más dinámico; y sí, también quería conocer gente nueva y aprender de ella.

Tratando de descubrir qué actividad podría satisfacer todas esas aspiraciones, en un rincón de mi memoria me reencontré con el curso de Optimist de la Prefectura Naval Argentina, sorteado en mi escuela en 1983, que tuve la suerte de ganar teniendo yo once años, y que tanto había disfrutado.

Yo no tuve ni busqué una vida náutica; sin embargo, el agua no me era ajena, pues siempre viví junto al Río de la Plata, y desde chiquita viajaba con mi madre y mi hermano por el delta cuatro horas en la lancha colectiva “Galofré” hasta el arroyo Negro, en la provincia de Entre Ríos.
Allí nos esperaba “La Matilde”, una antigua y preciosa casa de madera sin gas, luz, ni agua corriente, con el baño a cien metros sobre un zanjón, pero sin bocinazos, frenadas ni aviones.
Sólo pájaros, el viento entre las acacias de la costa y el arroyo compañero.
Un paraíso en el que mi hermano y yo tuvimos la suerte de crecer por temporadas hasta que un incendio lo devoró.

Mis pensamientos en busca de una actividad gratificante me llevaron a recordar también cuánto había disfrutado de las salidas en gomón con unos amigos por el delta el verano pasado.
Y pensé que, si alguna vez alguien me invitaba a navegar en velero, querría poder aceptar sabiendo que podía ser útil y no una ignorante estorbosa.

De ese modo y por todo ello, decidí hacer un curso de timonel de yate a vela y motor.

No podría enumerar la tremenda cantidad de cosas que aprendí en él, desde lo más técnico hasta lo más humano. Todo es valioso, de todo uno puede aprender algo, no sólo para la navegación sino para muchos aspectos de la vida.
Tuvimos instructores jóvenes que navegaron desde pequeños, instructores adultos que comenzaron de grandes, e instructores cuya vida ha sido, es y será la náutica.
Tuvimos instructores con personalidades de variados tipos. Cada uno de ellos, voluntaria o involuntariamente, nos enseñó algo.

“Es posible que tengan compañeros con los que se sientan bárbaro en tierra pero a bordo no se sientan tan a gusto. Aprendan a elegir con quién navegar y con quién no. –nos decía el Jefe de Prácticas-, porque la vida a bordo es muy diferente a la que se vive fuera del barco. En tierra, si discuten, pueden optar por irse dando un portazo. A bordo no hay escapatoria ante situaciones incómodas o desagradables. Por eso es importante conocerse y tener una buena relación con los compañeros”-.

Desde el primer día tuvimos que aprender términos completamente nuevos.
–¡eso no es una “soga”, es un “cabo”, alumno!-;
soportamos mojadas cuando había viento, lloviznas y rocío; debimos meter las narices en apuntes complicados como los de meteorología y los de navegación, con cálculos de mareas y posicionamiento por marcaciones
-“¿¡Tanto lío para tomar mate!?”-
, solía exclamar uno de nuestros veteranos compañeros. Él fue la segunda persona en comprarse un velerito antes de terminar la cursada, y enseguida lo estaba timoneando.

Dicen que navegar es un deporte, sólo que lo considero más complejo que otros.
Si me preguntan si tiene riesgos... Diría que aprender a navegar fue un poco regresar al instinto de un hombre primitivo, el que tiene una sensibilidad hacia el entorno que mayormente los especímenes citadinos hemos perdido.

Las condiciones meteorológicas determinan en gran parte la navegación, y los pronósticos son sólo estimaciones, promedios.
El estado del tiempo tiene la última palabra.
Somos seres terrestres; en el agua nada puede darse por sentado por más eximio navegante que se sea. Nadie, absolutamente, está exento de sufrir alguna vez un inconveniente –más o menos grave- en el río, en un lago o en el mar, sea por el clima, sea por un accidente, sea por negligencia.

Por todo eso conviene tragarse el orgullo de creer que uno lo puede todo.
Y prevenir...
Me gustó una frase del apunte sobre control de incendios:
“Cada vez que planee un viaje en su embarcación, prevea esta circunstancia. Tal proceder no será pesimista sino realista”.
Por otro lado, para algunas cosas no hay fórmulas a bordo.
Debemos estar alertas para poder tomar decisiones apropiadas y a tiempo; el instinto y la humildad, entonces, además de una buena capacitación, son importantes para evitar riesgos inútiles.

Por ejemplo, nos enseñaron que si sopla viento fuerte y su intensidad va en aumento, ¿cuándo es el momento de tomar rizos, achicar las velas?
Cuando pensamos en ello. Es decir, en cuanto se nos ocurre que convendría achicar el paño para hacer el barco más gobernable.

Simple sentido común.

¿Entonces... tiene riesgos?
Sí, los tiene; pero como los tiene cualquier otra actividad humana en la cual, si uno toma recaudos y se conduce de manera prudente, como decía, no tiene por qué ocurrir nada malo.

Al poco de egresar del C. P. Y. conocí a una pareja que paseaba en una pequeña moto Vespa por el puerto; la muchacha contó que solían ir allí porque les gustaba ver los veleros, pero dijo que nunca había navegado por temor. Temor a la escora, al agua alrededor, etcétera; por los motivos que fuesen, ella le encontraba a esta actividad algo de peligrosa.
Entonces yo le pregunté si, gustándole tanto ir a ver los barcos, acaso era posible que íntimamente tuviera ganas al menos de probar subirse a uno y navegar; y agregué que, con seguridad, ellos corrían más peligro en esa pequeña moto por las calles de Buenos Aires, y sin casco como estaban, que navegando en un H19 en el Río de la Plata en un hermoso día como aquél.
Ella me sonrió como si le hubiese abierto una puerta. Espero verla pronto allí, ya no mirando a los veleros desde tierra sino mirando la tierra desde un velero.

Es cierto que, a medida que pasaban las clases -y tal como nos había anticipado el Jefe de Prácticas-, por cuestiones de salud, laborales, económicas o las que fueren, el número de alumnos se fue reduciendo un poco. Pero, del mismo modo, los alumnos que quedamos nos fuimos entusiasmando más y más.

Dice Hernán Álvarez Forn (alias “Hormiga Negra”) en el capítulo “La escora” de su “Nauticomio”
[2
-: “En los veleros, la esencia de su equilibrio, su posición natural, reside casualmente en la escora [3];
allí los desequilibrados son los que eligen esa forma de navegar”.

No todos toleran ciertas incomodidades que tiene el velerismo.
Entonces, ¿cómo explicar al que nunca navegó lo que siente alguien que adora hacerlo?
Entre mis compañeros hubo quien, alentado por una amistad, entró al curso con interés pero con miedo expreso a la botavara
[4]; otra persona vivía como si la náutica no existiera, hasta que un conocido le recomendó el curso que acababa de comenzar; una tercera sintió pasión por la náutica toda su vida, pero, dedicado a su empresa y su familia, sólo podía mirar a los veleros desde tierra, sin tiempo para aprender a navegarlos.
Hoy, a esas tres personas no hay quien las baje de los barcos.
Y no se trata de niños, que de por sí les sobra energía y entusiasmo; son adultos de edades diferentes cuyas ganas de aprender y fuerzas juveniles se conservan intactas en sus almas manteniéndolos vitales.

Navegar es dejar atrás la rutina y la alienación ciudadanas, terrestres y publicitarias por completo.
Es cambiar totalmente la perspectiva, salir del laberinto.
A veces es un desafío a las propias capacidades tanto físicas como intelectuales y humanas, un ejercicio de paciencia o relax para los ansiosos, y de atención hacia los compañeros, el entorno natural y el velerístico.
Es un sacudón de adrenalina cuando el viento sopla fuerte, pero también un delicioso hamacar cuando hay una suave brisa.
Es un caramelo disfrutado como cuando éramos chicos.

Algunos se preocupaban por todo lo que había que aprender.

“Al principio es posible que a muchos les cueste recordar el vocabulario y muchas otras cosas. No se desanimen.
¿Cuántos de ustedes manejan un auto?
¿Acaso no les pasaba al principio tener que estar concentrados en hacer bien cada maniobra, y hoy hasta discuten de política o van pensando qué van a hacer más tarde mientras manejan casi de manera automática?
En la navegación pasa lo mismo”.


Fue inolvidable el día que nos dijeron que saldríamos a navegar y hacer maniobras con los H19 ¡solos! después de más de cuatro meses de prácticas. Los instructores irían a bordo del barco insignia dando indicaciones a distancia si era necesario.
Ciertamente el viento era suave; no nos iban a encomendar esa práctica con viento de 20 nudos.
Pero la decisión nos entusiasmó, pues significaba que estábamos bastante bien preparados y nos probaríamos a nosotros mismos.
Recuerdo que nos sentimos muy bien, cómodos y relajados.
Nos turnábamos al timón entre mediaslunas y café, que nunca faltaban.
Y ya andábamos haciendo chistes entre nosotros con el vocabulario nuevo mejor incorporado.

El viaje de instrucción a Colonia, sobre el final del curso, tuvo sol a la ida, lluvia a la vuelta, e historias diferentes en cada embarcación –ofrecida gentilmente por cada dueño-.
Para muchos de mis compañeros era la primera vez –emocionante, con seguridad- que cruzaban el río más ancho del mundo a bordo de un velero, con la superficie del agua mucho más cerca de los pies que viajando en uno de esos grandes catamaranes que lo surcan a diario y velozmente entre ambos países.

Luego vinieron los exámenes teórico y práctico con sus variados resultados, y finalmente, en Octubre de 2008, tras seis meses de entrenamiento y en un clima de mucha algarabía y satisfacción mutua, todos recibimos nuestros diplomas de manos de nuestros ¿exhaustos? instructores.
Cada uno de nosotros había logrado su objetivo y estoy convencida de que recibió más también.

Pero eso no fue todo.

Recordé aquel primer día de clase cuando el Jefe de Instructores dijo, finalmente:

“Cuando terminen el curso, súbanse a todos los barcos que puedan; salgan y sigan aprendiendo, porque esto es sólo la base. La única manera de aprender bien es navegar, navegar y navegar. Aprendan de los que saben, pero también desarrollen su propio sentido común. Aprendan a pensar en otras cosas mientras navegan, haciéndolo de manera segura, porque en realidad, muchachos, esto... es para que lo disfruten”.

¡Y en eso estamos...! ¡El horizonte es el límite! ¡Muchas gracias!

[1] “Levantar minas”: en jerga porteña, en expresión un tanto procaz, quiere decir “seducir mujeres”.
[2] Libro que recomiendo fuertemente tanto a los que naveguen como a los que no. O como dice James Smart en su prólogo: “... es un libro para que los legos entiendan la navegación y para que los navegantes no entiendan por qué siguen navegando”.
[3] Escora es el ángulo del plano de crujía del barco (un corte a lo largo del mismo) respecto de un plano vertical. Queda inclinado hacia una de sus bandas o costados.
[4] Botavara: percha horizontal que se articula en la parte inferior del mástil y sirve para tesar el pujamen de la vela. En “castellano”: el palo horizontal que extiende la vela en ese sentido, unido al mástil de la embarcación con un herraje que le permite pivotar.

Maria Eugenia Boutigue
Foto de su primer cruce a Colonia de Sacramento, República Oriental del Uruguay.
Croker Nauta en homenaje a los Alumnos e Instructores del Curso de Timonel Yate Vela Motor 2008 del C.P.Y.

viernes, 24 de octubre de 2008

Historias del Periplo parte VII (epilogo)

Son las 08:35 hs. camino hasta el Periplo.
Todabía los tripulantes de la flota C.P.Y. dormían.
En ese momento veo que uno de los veleros que volvía a puerto por la tormenta abarloaba en unas de las bandas de nuestro barco.
Le pegué un grito: - ehyyy!!!

Cuando terminó la maniobra le pregunte a su capitán:

- ¿Cómo está la situación afuera?

- Durísima, las condiciones cambiaran después del mediodía.

Me contestó con una voz monótona y cansada, el aspecto de él, de sus tripulantes y del propio barco lo decía todo.
Estuvieron peleando contra un viento Norte durísimo por más de 45 minutos y ya cansados entraron a puerto.

Los tripulantes adujaban los cabos lentamente ya sin fuerzas y el velero tenía mojada la cubierta y sus velas, esto era signo de la dura batalla que le habían intentado ganar al Río de la Plata esa mañana.

Con esa imagen me fui a hacer el despacho de mi embarcación a la Capitanía de Puerto.
Allí estaba de guardia mi viejo amigo, a quien por sus atenciones le regalamos una botella de vino y unos jugos de fruta para sus hijos.

Me pregunto en que condiciones estaba el Periplo, a lo que conteste bien y sin novedad.
El estaba al tanto de todo, me guiño un ojo, sonrió y me dijo:

- Yo te despacho botija, sabes que te aprecio y te quiero volver a ver pronto.
Que tengan buena navegación y mucha suerte…

Así mi amigo uruguayo me despidió inyectándome confianza.

Cuando volví al Periplo Eduardo ya había terminado de armar la maniobra de remoque y me explicó como se hacía, porque la verdad es que yo no lo recordaba.

Me comento que la flota saldría después de almorzar cuando el río se calmara un poco.
Pepe que tenía a cargo la flota venía estudiando el parte meteorológico y había tomado la determinación.

Me senté un rato a coordinar con Pepe la estrategia de navegación que teníamos con Eduardo, y llegamos a un acuerdo, el Periplo zarparía a las 11:00 hs. y dos horas después zarparía el resto de la flota.

De esta forma estaríamos siempre contenidos y ante una eventualidad siempre tendríamos a un velero para que nos remolquen.

Me pareció bien…

A partir de las 10:00 hs. se realizó un gran almuerzo frente a las amarras, un pick-nik con lonas sobre el pasto, había de todo para comer y beber: vino, cerveza, gaseosas, jugos, sándwiches, tartas y postres.

Nosotros, mientras seguíamos alistando al Periplo, alguien nos alcanzo un sándwich y cerveza a cada uno para seguir trabajando, mientras Susana (la instructora) nos preparó comida para el camino, porque no podíamos quedarnos a almorzar con ellos.

Todo era joda en el puerto pero yo seguía intranquilo.

Se hicieron las 11:00 hs. y zarpamos a motor.
Todos nos saludaban deseándonos suerte, yo no emitía sonido alguno.

Con Edu nos miramos y creo que con la mirada nos dijimos todo lo que nos teníamos que decir, la única frase que salió espontáneamente de mi boca fue.

- ¡Ahora huevos loco, ahora huevoooooos!

Al escuchar esto Eduardo se largo a reír.

El viento seguía del cuadrante Norte pero borneado al Este, la condición de ola no era tan fuerte como la mañana, había amainado un poco, igual era molesta.

Afirmamos la caña a la vía, total el timón no existía, e izamos la mayor, estableciendo la vela de proa desenrollándola un poco, casi como un foque mediano.

El velero se comportaba raro, no lo podíamos equilibrar.
Lógicamente sin pala de timón al velero le costaba establecerse.

Probando, a Eduardo se le ocurrió utilizar la poquita pala de timón que quedaba.
Así, filo el cabo que la mantenía en crujía y naturalmente la caña se estableció en un ángulo natural.
A partir de ahí, tomó la caña y empezó a orzar, mientras tratábamos de estudiar como se comportaba el Periplo íbamos resolviendo las situaciones entre los dos.

Se hacía difícil orzar con tanta vela de proa, así que fuimos achicando paño hasta equilibrar el velero en el rumbo deseado, siempre apoyados por el motor.

Pasaron dos horas desde que salimos, mirando hacia la costa empecé a ver veleros que salían de Riachuelo, ya eran las 13:00 hs.

Modulé por VHF canal de trabajo 69 y me comunique con el Fugitivo, el velero de Pepe quien dijo:

-¿Cómo están?

-Bien, la venimos llevando, vamos descubriendo como hacer el mejor rumbo.

- Bueno nos comunicamos cada una hora para cuidar las baterías, la flota C.P.Y. salió completa y están todos los capitanes en alerta, los VHF esta abiertos en canal de trabajo, para nosotros C.P.Y. 69 y 16 emergencia Prefectura.
Te resumo el parte meteorológico: los vientos rotarán hacia afirmarse al Norte y van a establecerse como moderados con rachas fuertes, estén atentos a eso.
¡Ojo cualquier cosa se comunican con la flota!

-Ok, muchas gracias Pepe.

A partir de ese momento empezaron a aparecer en el aire las diferentes embarcaciones que nos bombardeaban de preguntas, y la verdad que me rompían la concentración.
Así que les pedí que respetaran mi silencio y nos comunicáramos a cada hora exacta.

Ya son las 13:15 hs. y es hora de repensar la táctica con el parte poco augorioso que nos acababa de dar Pepe.

Lógicamente ya no hay marcha atrás.

Mientras pasaban las horas notábamos que por el borneo del viento no podíamos poner proa al mismo rumbo que hacia el resto de la flota, nos íbamos cayendo más y más.

A medida que subía la intensidad del viento y la ola íbamos achicando paño, metiendo cada vez más motor.

Hacíamos un poco de mejor rumbo, para luego derivarnos otra vez.

Cada hora que pasaba la situación se ponía peor, los veleros de la flota más grandes ya nos habían pasado y no nos podían asistir y los más pequeños nos venían alcanzando rápidamente.

Cuando estaban a nuestra banda de un grito nos preguntaban si necesitábamos algo.
Y ante nuestra respuesta negativa seguían su navegación.

Nosotros con Eduardo ya estábamos jugados…

Los veleros que nos podían remolcar ya nos habían pasado hacia horas y los dos que quedaba eran más pequeños que nuestro Plenamar 23, ya nadie nos remolcaría.

Estaba oscureciendo y a nuestra popa se veía el ultimo velero de la flota un Roy 20, el Polinesia, de Diego.

Moduló por VHF y me preguntó:

- ¿Cómo están?

- Nada bien.

-Ya no podemos hacer el mismo rumbo que ustedes, solo me queda tiran un borde hacia la costa para ganar barlovento.
Voy a tirar un borde de más o menos 30 minutos y después tratar de apuntar un rumbo a Dársena Norte.

Cuando digo esto alguien entra a modular y dice:

- Periplo soy Daniel del Ahijuna y voy a Dársena Norte con un ETA aproximada a las 19:00 hs.
¿Cuál es tu ETA a Dársena?

- No lo sé, supongo que a las 21:00 hs. y son las 18:00 hs.

- Ok, ¿entraste alguna vez de noche a Dársena?

- No, va a ser mi primera vez, igual tengo todas las referencias visuales para enfilar nocturno.

- Ok, estoy atento en 69 para acompañarlos desde acá.

Bueno a partir de ahí ya nuestro panorama era desolador, el Polinesia lo estábamos pasando en vuelta encontrada y a viva voz nos despedía deseándonos suerte.
Inmediatamente cuando nos pasó viramos para tratar de seguirlo, como un pibe le agarra la mano a la mamá cuando siente miedo.
Pero no podíamos seguir su estela, nos caíamos y derivábamos sin poder seguirle el rumbo.

El viento ya era muy fuerte, la ola mucho más alta y para colmo de males, se notaba que la corriente era en bajante.
Todo esto nos hacia pensar que deberíamos cambiar de táctica y resolver algo pronto, estamos ya al limite y solo nos quedan unos minutos de luz.

Pero aunque parezca mentira Yo deseaba que fuera de noche…

Miramos a nuestro alrededor, nos dimos cuenta que no hay referencia alguna a vista costa.
Entonces estamos en algún lugar entre la altura del Canal Uruguayo y el Canal Emilio Mitre.

¿Cómo tomo una marcación si no tengo ninguna referencia?

Intuyo donde estoy, pero quiero tener seguridad, por lo menos una marca, ya que nuestro GPS no tiene pilas.

Se nos ocurrió modular y pedir algunas referencias:

- Ahijuna para Periplo.

- Adelante Periplo.

- Daniel ¿dónde estas? Y pásame tu rumbo compás.

Daniel nos contesto dándonos su rumbo exacto y nos contó que estaba entrando en la boca sur de Dársena Norte, eran ya las 19:40 hs.

Al mismo tiempo le pido la marca al Polinesia, el cual me da la lectura de su compás magnético.

Se pone el sol a nuestra proa, y es la primera vez que no disfruto de un atardecer en el Río de la Plata.

Tengo un nudo en la garganta.

Ahora si estamos solos de verdad…

Eduardo me dice que aprovechemos la última luz que nos quedaba para llenar el tanque de combustible, así es que trasvasamos al tanque nuestro último bidón de 10 litros, ahora solo nos quedaba un bidón de 5 litros más.

Nos dimos cuenta que por la tensión de esta navegación no habíamos comido desde la salida del puerto, así que el loco apareció con unos sándwiches y una lata de cerveza para cada uno.

Y me pregunto:

¿Qué hacemos Georgie?

- Tenemos que navegar dentro del triángulo imaginario conformado por estos dos rumbos que nos dieron.
Sin caer más allá del rumbo que nos enfila hacia Dársena Norte.
Como el viento es fuerte y nos abate al sur al igual que la corriente que suma una fuerte deriva, bajemos todas las velas y naveguemos solo con motor tirando un borde al Norte con límite a la estela del Polinesia, para después dejarnos caer con corriente y viento a favor hasta la marca que nos dio el Ahijuna.
De esta forma vamos a ahorrar el poco combustible que nos queda.

- Bueno, no nos queda otra.

- No, creo que es lo mejor.

Modulamos a las 20:00 hs. por el canal 69 de VHF y casi la totalidad de la flota ya se encontraba en el Puerto de Olivos, el Ahijuna hacia 20 minutos que atracaba en Dársena Norte, solo el Polinesia quedaba afuera, pero le faltaban pocos minutos para que atracara en Olivos.

Todos nos preguntaban como estábamos porque las condiciones ya en el Río eran durísimas.
Le contamos la situación y la táctica.

Les dije que si no podía hacer rumbo como pensé a Dársena, me quedaba el Puerto de Quilmes, y si no, seguramente por la mañana estaría frente al Puerto de la Plata como última alternativa.

Daniel del Ahijuna me escucho y rápidamente modulo diciendo:

- Muchachos ¿cruzaron el Canal Mitre?

- Todavía no.

- Bueno su ETA de las 21:00 hs. no va ser cumplido, estaremos acá hasta su entrada, tenemos avisada a la marinería del YCA su situación, y les pedimos a ellos una amarra de cortesía para ustedes.

- Ok, si vemos las cosas mal, cuando crucemos el canal Mitre me declaro en emergencia a Lima dos Golf, como embarcación deportiva sin gobierno, con rotura de pala de timón.
Pero quédense tranquilos porque estamos seguros de llegar bien.

- Ok, Periplo aquí costera C.P.Y., escuchamos todo y les comunicamos que Polinesia entró a Puerto sin novedad, todos nosotros nos vamos a dormir y quedan modulando a cada hora con YCA Dársena y Ahijuna.

- Ok, C.P.Y. fuera.

Solos, solos en este Río de la Plata que me mostraba otra vez sus condiciones traicioneras después de un día de calma total.

Solos, en una noche sin luna, oscura, con el sonido del viento embravecido y las sombras de sus olas que parecían tragarse al pequeño velero.

Yo miraba a Eduardo y lo veía tranquilo, serio concentrado, pero tranquilo.

Mientras pensaba:

¿Qué cosas le pasarán por la cabeza a Edu en este preciso momento?

Yo si se que me pasa a mi, siento miedo, pero sigo resolviendo todo, mi cabeza esta lucida y esto es lo más importante.

Así íbamos tirando bordes sin ver, jugando solo con las referencias del compás magnético.
En eso nos pasa el Sea Cat de Buquebus, el ferry que une Colonia del Sacramento con Dársena Norte.

Respiro aliviado, estamos haciendo todo bien, me paso por mi banda de babor, esto indicaba que no nos habíamos caído de nuestra enfilación.

Al ver este buque, nos dio buen ánimo y tomamos otra cervecita.
Agudice mi vista hacia la proa y muy diminuto reconocí en el horizonte la guirnalda de luces blancas de la Fragata Libertad, amarrada en lo que es hoy Puerto Madero, que hasta ese entonces se podía divisar a la lejanía.

Unos minutos después divise la corona de neón azul del Hotel Hilton, que hoy tampoco se puede ver por las nuevas edificaciones de Puerto Madero.

Esto realmente nos levanto la moral, y modulamos en 69 con Daniel.
Le contamos lo que estaba pasando, teníamos a la vista el puerto de Buenos Aires eran las 23:00 hs. y estamos muy cansados.

Mientras modulábamos por el VHF le cortábamos la popa a un buque de carga inmenso que cruzaba el Canal Emilio Mitre.

Cuando navegábamos por el Canal Norte para entrar a Dársena no podíamos ver la baliza de babor (la verde) y esto nos confundió mucho.

Es sabido que normalmente la boca de Dársena Norte tiene una fuerte corriente.
Esta sumada a la situación preponderante del viento Norte, más la corriente en bajante y la alta ola, hacia que el Periplo se fuera navegando de ronza.

Ya dos veces fuimos a parar muy cerca de los hierros retorcidos del muelle de pescadores al intentar entrar al ante-puerto.

La primera enfilación la hicimos mal y entramos al sur del muelle de pescadores, casi rompemos el velero contra las piedras, nos confundimos porque el agua era calma y creímos estar en el ante puerto, pero la densa oscuridad nos avivo a tiempo y rajamos de ahí rapidísimo, íbamos a chocar con la Reserva Ecológica.

Al salir, otra vez con la condición dura, navegamos el Canal Norte, y comunicándonos con Daniel ya muy nerviosos y cansados, le contamos lo que nos estaba pasando.

Nos estábamos aterrando, (sinónimo de navegar hacia tierra en una embarcación fuera de control).

El nos confirmo que faltaba la baliza verde y que la habían reemplazado por una boya lateral con luz verde, la cual teníamos que usar como referencia.

Ya sabiendo esto poníamos proa a la bocana del puerto y cuando nos acercábamos a cruzar la escollera de piedras la corriente nos derivaba fuertemente contra el muelle.

Eduardo estaba al timón muy nervioso, en el esfuerzo por timonear se había cortado una mano con una chaveta del arraigo del estay popel, pero con la calentura que tenía no le daba bola.
El corte era profundo, así y todo, no sentía dolor.

Nos quedaba muy poco combustible, hacia tiempo que le habíamos cargado los últimos cinco litros al motor.

Ya no lo podíamos creer, estábamos por terminar el cruce y casi zozobramos en el ante-puerto de Buenos Aires.

Son las 12:00 hs. hace 45 minutos que estamos peludiando para entrar al puerto de Bs. As., Periplo se va de ronza, no responde ante estas corrientes y el viento, pedimos al YCA que saque una lancha para remolcarnos, pero nos contestan que tienen orden de no asistir a nadie fuera del antepuerto, si no podemos hacerlo solos, Prefectura podría remolcarnos.

Para nosotros era un bajón, habíamos cruzado el Río de la Plata sin timón, enfrentando las peores condiciones meteorológicas y ahora nos tenían que rescatar en la bocana del puerto para poder entrar.

¡Qué vergüenza!

Otra vez apareció la soberbia del capitán.
Pensé y le di una orden a Eduardo que la acato rápidamente.

- Eduardo, proa al Norte, enfila en paralelo a la bocana del puerto, como si fueras a chocarte contra la punta de la escollera, motor a fondo y aguanta las olas de proa.
Cuando te diga, virá todo a babor y cae con la corriente a favor que nos entrará al puerto.

Lo hicimos una vez y no nos dió.
La corriente nos volvió a tirar muy mal.
Pero en el segundo intento entramos.
Ahora el contraste era muy marcado, todo era calma, no se escuchaba el viento, ni las olas.

Nuestra vista se acomodaba a las luces del puerto, nuestros oídos empezaban a escuchar los sonidos de la ciudad.

Autos y bocinas llegaban desde la avenida.

Desde adentro del YCA, Daniel, Susana y el Flaco nos gritaban, no entendíamos que.
Eduardo y Yo nos fundimos en un fuerte abrazo.

A unos 100 metros venia la lancha del YCA con su marinero a remolcarnos hasta nuestra amarra de cortesía.

Reconocí al marinero era Legui, un viejo marinero del club, al que con el paso del tiempo, cuando trabajé en el NIX, compartí gratos momentos.

El nos dijo:

- ¿Muchachos cruzaron desde Riachuelo con este velerito sin timón?, los tengo que felicitar.

Atracamos a la 01:00 hs., dándoles las gracias a la tripulación del Ahijuna por el aguante.
Y nos despedimos de ellos.

Eduardo me llevó con un remis hasta mi casa, estábamos fusilados, durante el viaje no emitimos palabra alguna.

Seguramente él como Yo, pensaba en silencio lo que habíamos hecho.

Baje del auto en casa, me estrecho la mano fuerte, me agradeció y me dijo:

- Georgie ¿no vemos mañana en el C.P.Y.?

- No Edu ,por unos días voy a pensar lo que hicimos…

Vista nocturna del Puerto de Buenos Aires entrando por Dársena Norte. (foto levantada de Internet).
Croker Nauta.

martes, 30 de septiembre de 2008

Mi nuevo amigo el Pilgrim

Una día más…
Pintaba ser una tarde como todas.
Ya a esta hora, se prestaba monótona y solitaria.


Desde hace unos días me encuentro en mi oficina, en un nuevo trabajo.
Estoy muy contento por cierto.
Este empleo lo esperé por más de seis meses, y aunque no llegaba nunca, estaba seguro que se me iba a dar.

Sigo trabajando dentro del ambiente que me gusta, en marinería, dentro de un club náutico. Son casi las diez y ocho horas.
Luego de arriar el Pabellón Nacional que se encuentra en un mástil frente al río, vuelvo a mi oficina a ordenar unos papeles.

Hace apenas diez minutos que un socio del club ya entro al playón con su tabla de windsurf.
Había tirado varios bordes en el río, en donde soplaba un sudeste de unos 16 a 18 Kts.de viento.
Según él, corriendo el mes de agosto, habían comenzado los mejores días para practicar este deporte, que con este viento es mucho más adrenalínico.

Una vez que entro, me quedé tranquilo, ya no había nadie navegando en el río y todo estaba sin novedad.
Me siento en mi escritorio, tomo una carpeta vieja, y sobre mis piernas cae un papel, lo abro y leo lo siguiente:

Se Vende
PILGRIM
Clásico de Madera
Doble proa
Eslora 6.50 m
Manga 1.75 m
Puntal 0.78 m
Motor 4 Hp Suzuki
U$S XXX
Teléfono Celular XXX

Con los veleros soy curioso.
Lo leí detenidamente y pensé:
Que viejo este papel todo amarillento, anda a saber de cuando es este volante.
Tube la intención de romperlo, pero como soy obsesivamente ordenado, lo doble en cuatro y lo tiré al cesto de basura.

Como si nada empiezo a armar carpetas con un nuevo listado de las embarcaciones que hay en mi sector de trabajo (barcos chicos), donde tengo a cargo la escuela de Optimist, Cadet y las clases de regata:
420, 470, Laser, Europa, 29 Er y 49 Er, también hay algunos Penguin, 505, Lightning, Soling, Pampero y algún Micro Volker, entre otros.

Ordeno todo y corto el trabajo.

Cuando me estaba preparando un té bien caliente, ya que sentía frío. Se me cruzo por la cabeza:

¿Esto del Pilgrim no será una señal?

Rápidamente metí la mano en el tacho de basura e inmediatamente le mande un mensaje de texto al celular que estaba escrito en el papel.

¿Vendiste el Pilgrim?

Al rato contestó:

¡NO!

¿Quién sos vos?

Y con esta respuesta me perseguí.

¿Qué le contesto?

¿Estaré haciendo bien?

Soy empleado del club, ¿se podrá hacer esto?

Haber si no se puede, se enteran y me echan a la caraja…

La verdad que me puse mal, y sin más le conteste:

Ahora estoy trabajando, te llamo a las 21 hs. desde mi casa.

Desde que envié este mensaje, hasta que llegué a mi casa no sabía que decirle para no comprometerme en el laburo, pero lo mejor que podía hacer era blanquear la situación, contarle la verdad y seguir adelante.

Todo lo demás es anecdótico, y se desarrollo como en cualquier operación de compra venta.

Hoy me encuentro ante un nuevo desafío, la restauración de un velero clásico de madera del año 1950.
Y como con el Flop 1 ya me estoy enamorando de mi nuevo velero.

En la foto vista del Pilgrim.
Croker Nauta.

lunes, 25 de agosto de 2008

Historias del Periplo parte VI

A la mañana siguiente del sábado, era día libre, no había nada programado.
Todos nosotros y los alumnos, podíamos hacer lo que se nos antojara.

Algunos recorrieron la campiña, otros optaron por subir el arroyo para llegar al puerto y utilizar los vestuarios.
Y otros como Yo, elegimos un día de playa.

Debo sincerarme, aunque opté por la playa, me corte solo.
La verdad es que estaba muy nervioso y solo pensaba como iba a hacer para cruzar al Periplo sano y salvo hasta el puerto de Olivos.
Menuda tarea en la que me comprometí para que mi amigo no perdiera el velero.
Me sumergí en un ostracismo muy fuerte concentrándome para esa navegación, tenía lógicamente algo de miedo, pero al mismo tiempo la fascinación de la aventura.

Enzo me comunico que no nos acompañaría, bajándose del Periplo y me dijo que volvería esa misma tarde en el Buquebus.

Hasta el día de hoy respeto su decisión…

Alguna vez comente que un tripulante es libre de tomar decisiones cuando está embarcado, como la de bajarse de un velero en problemas y no debemos negarnos a ello.

Le pedí que embarcara a los dos alumnos con él, ya que no había lugares en los demás veleros del resto de la flota.

La vuelta iba de a poco tomando forma, y todo esto sucedía en la playa mientras caminaba y juntaba piedras de canto rodado para entregarles a mis hijas como recuerdo del lugar.
Esto lo hago siempre que llego a un puerto navegando, a ellas las pone muy contentas.

Pasó la mañana, mis nervios hacia que no tuviera ganas de comer.
Y tome esa playa como mi oficina de trabajo.
Cada uno de los capitanes de los veleros de la flota del C.P.Y. que se me acercaba, me cuestionaban la navegación que iba a emprender.
Los que más experiencia marinera tenían, me daban ánimo, los de menos experiencia me desalentaban, pensando que lo que íbamos a hacer era una locura, sugerían que dejáramos el velero a reparar para luego ir a buscarlo.

Lógicamente esto no se podía hacer, no disponíamos del tiempo necesario ni el dinero para semejante cosa.

Les juro que aunque sentía miedo, nunca lo demostré y traté siempre de darles tranquilidad a todos, despreocupándolos del riesgo.
Yo estaba seguro que lo podíamos hacer y sentía la responsabilidad de no abandonar a mi amigo Eduardo Bigotes quien había confiado en mí como tripulante.
Sentía que no lo podía defraudar, me ponía en su lugar, a mí no me gustaría que mi tripulante me abandonara en una situación similar.

Las horas transcurrían, el día era fantástico, me tiraba al Río de la Plata que en esta costa era limpísimo casi cristalino, y esto era debido a que esta playa no era de arena, sino que era de canto rodado, y estos funcionaban como un gran filtro haciendo que el agua parezca la de un gran lago.
En verdad parecía un gran lago ya que no soplaba nada de viento, no existían olas.

Hoy me doy cuenta analizando y haciendo memoria que por un momento peque de soberbio al no escuchar a mi amigo Enzo la sugerencia que me hizo esa misma mañana, pero Yo humildemente tengo que reconocer que estaba dolido de la decisión que había tomado de abandonarnos, mal pensé:

“Que me viene a sugerir este Chabón, que es lo que tengo que hacer, si me deja solo con Eduardo en este bendito quilombo, la puta madre, te daría bola si aún estarías embarcado con nosotros”

Mi respuesta fue rotunda:

¡No, nosotros zarpamos mañana!

Como me equivoque pensaba…

La soberbia de un Capitán que en un momento critique en aquella navegación a Quilmes, la cometía Yo en este momento.

Lo que me proponía mi amigo era la solución de menor riesgo, todo ese día las condiciones en el Río de la Plata eran óptimas para navegar el velero sin velas, solo con su motorcito fuera de borda hasta Olivos, tranquilos sin viento ni ola, evitando que nos pusiera a nosotros y nuestra embarcación en riesgo.

Su sugerencia era sabia, pero mi calentura con él (por su actitud) sumado a mi soberbia marinera pudieron más.

La verdad estuve mal en no escucharlo, y a la larga en algo, él tendría razón...
Pero la desición era nuestra, de Eduardo y mia.

Yo estaba seguro de cruzar el velero con velas apoyado para orzar en su motor fuera de borda.
Esta era mi táctica y Eduardo me apoyaba en un ciento por ciento.
Lo otro que pensábamos con Edu era, que siempre estaríamos asistidos por la flota, ante cualquier eventualidad alguno de ellos nos remolcaría.
Estábamos los dos muy seguros de lo que íbamos a emprender, y la verdad que Yo veía a Eduardo tan distendido y me daba tanta confianza, confiaba tanto en mí, que me cargaba de energía positiva para esa navegación.

Llego la noche, cenamos y se armo baile en el Fugitivo, pero Yo estaba tan preocupado que no tome una sola gota de alcohol, es más no baile, y al rato me fui a dormir al Periplo.
En mi cabeza solo tenia como objetivo estar lucido para cruzar.

¿Qué táctica aplicaría?

Mis conocimientos en navegación se pondrían a prueba en una situación límite, otra vez.
Y me vino a la memoria la histórica navegación del Geks con Guillermo Senders, y la otra vez que me fueron a rescatar después de haber estado a la deriva por más de ocho horas en una tormenta frente a las costas de Nuñez.

Por momentos pensaba:

¿Otra vez en quilombo?

¿Por qué Yo?

¿Qué mierda quiero demostrar, y a quien?

¿Será parte de mi aprendizaje?

Con el tiempo descubrí que sí.
Todo lo que me pasó tenía que pasar.
Y todo esto me pulió como navegante.

El día lunes amanecí temprano, todos dormían y caminando fui a la playa.
Mire hacia el horizonte, no se veía pero estaba allí, en esa dirección, cruzando el gran charco, al otro lado, se encontraba Buenos Aires, la gran ciudad.
Y un poco más al norte como buscando en la nada, mi vista se perdía en la dirección del Puerto de Olivos nuestro destino y el del resto de la flota del C.P.Y.

Este día el Río se había levantado furioso, viento Norte moderado con rachas fuertes y con bastante ola.

Veía zarpar algunos veleros que habían estado amarrados cerca de nuestra flota, a lo lejos los notaba peludeando hasta que desistian y renunciando su travesía, volvían a entrar a puerto para esperar una mejor condición climática.

En ese momento recordé a mi amigo Enzo que en gran parte había tenido razón, pero:

¿Hubiese sido bueno largarse a cruzar el Río de la Plata solos, con un velero sin maniobra?

Mi respuesta hoy después de mucho tiempo y con algo más de experiencia es…

¡No!

Estoy seguro que con Eduardo hicimos lo que teníamos que hacer.

Vista de la Playa de Riachuelo foto levantada de Internet.
Croker Nauta

Prueba de velas en el FLOPI

Prueba de velas en el FLOPI
Archivo fotográfico de Croker Nauta

Votadura del Tsunami YCA San Fernando

Votadura del Tsunami YCA San Fernando
Linda gráfica ¿no?

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Mini navegando con spinnaker

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HYDROPTERE

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L’HYDROPTERE DECROCHE DEUX RECORDS MONDIAUX sous réserve d'homologation officielle par l’ISAF/World Sailing Speed Record Council. 41,5 kn

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MOTH MK3 UK FULL FORCE BOATS

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La Polilla volando sobre el agua

La Polilla

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SAILROCKET

SAILROCKET
Vista de la popa vanguardista

Adrenalinico

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Larson's arse collapses at 38.3kts on Sailrocket

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EL YACTH KOTIC 2 DE OLEG BELY

EL YACTH KOTIC 2 DE OLEG BELY
EN PLENA CAMPAÑA ANTARTICA

Cuidado con los descuidos!!!

Cuidado con los descuidos!!!
SEGURIDAD